2 Corintios 8, 1-5. 7-15; 9, 6-15
Queremos haceros saber, hermanos, la gracia que Dios ha concedido a las iglesias de Macedonia. Porque han sido muchas las tribulaciones con que han sido probadas, y sin embargo su gozo es tal que, a pesar de su extrema pobreza, han derrochado generosidad. Porque doy testimonio de que han contribuido según sus posibilidades y aún por encima de ellas. Por propia iniciativa nos pedían con gran insistencia que les permitiéramos participar en esta ayuda a los creyentes. Superando incluso nuestras esperanzas, se entregaron primero al Señor y luego a nosotros, pues tal era la voluntad de Dios.
Puesto que sobresalís en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud y hasta en el cariño que os profesamos, sed también los primeros en esta obra de caridad. No os digo esto como una orden, sino para que, a la vista de la solicitud de los demás, pueda yo comprobar la autenticidad de vuestro amor. Pues ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza. Y sobre este particular os aconsejo que si el año pasado tomasteis la iniciativa no sólo para realizar esta obra, sino incluso para proyectarla, os conviene ahora terminarla. De esta manera, el entusiasmo al proyectar irá parejo con la realización en la medida de vuestras posibilidades. Porque si la disposición es buena, es bien recibido lo que uno tiene y no se le piden imposibles. Y tampoco se trata de que, para alimentar a otros, vosotros paséis estrecheces, sino de que, según el principio de igualdad, vuestra abundancia remedie en este momento su pobreza, para que un día su abundancia remedie vuestra pobreza. De este modo reinará la igualdad, como dice la Escritura: A quien recogía mucho, no le sobraba; y al que recogía poco, no le faltaba.
Tened esto presente: el que siembra con miseria, miseria cosecha; el que siembra generosamente, generosamente cosecha. Que cada uno dé según su conciencia, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al que da con alegría. Dios, por su parte, puede colmaros de dones, de modo que teniendo siempre y en todas las cosas lo suficiente, os sobre incluso para hacer toda clase de obras buenas. Así lo dice la Escritura: Distribuyó con largueza sus bienes a los pobres, su generosidad permanece para siempre.
El que proporciona simiente al que siembra y pan para que se alimente, os proporcionará y os multiplicará la simiente y hará crecer los frutos de vuestra generosidad. Colmados así de riqueza, podréis ser generosos en todo, lo cual, por mediación mía, producirá acción de gracias a Dios. Porque esta ayuda es como un servicio sagrado, que no sólo sirve para remediar las necesidades de los hermanos creyentes, sino que también suscita en muchos la acción de gracias a Dios. Y es que, al experimentar el valor de esta ayuda darán gloria a Dios por vuestra respuesta de fe al evangelio de Cristo y por vuestra generosa solidaridad con ellos y con todos. Al mismo tiempo, ellos manifestarán con su oración por vosotros el cariño que os tienen por el extraordinario favor que habéis recibido de Dios. Gracias sean dadas a Dios por ese don suyo tan inefable. |