Bienaventurados los misericordiosos
Cuarto Jueves de Cuaresma
6 Mar 08

Mateo 5, 7

“Bienaventurados los misericordiosos porque Dios tendrá misericordia de ellos”.

Lucas 6, 27-36

   Pero a vosotros que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, ofrécele también la otra; y a quien te quite el manto, no le niegues la túnica. Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames.

   Tratad a los demás como queréis que ellos os traten a vosotros. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacéis el bien a quien os lo hace a vosotros, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores se prestan entre ellos para recibir lo equivalente. Vosotros amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperar nada a cambio; así vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo. Porque él es bueno para los ingratos y malos.

   Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.

Lucas 10, 29-37

   Se levantó entonces un maestro de la ley y le dijo para tenderle una trampa:
   — Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?
   Jesús le contestó:
   — ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?
   El maestro de la ley respondió:
   — Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
   Jesús le dijo:
   — Has respondido correctamente. Haz eso y vivirás.
   Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
   — ¿Y quién es mi prójimo?
   Jesús le respondió:
   — Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de desnudarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto. Un sacerdote bajaba casualmente por aquel camino y, al verlo, se desvió y pasó de largo. Igualmente un levita que pasó por aquel lugar, al verlo, se desvió y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió lástima. Se acercó y le vendó las heridas, después de habérselas curado con aceite y vino; luego lo montó en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al mesonero, diciendo: «Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi vuelta». ¿Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?
   El otro contestó:
   — El que practicó la misericordia con él.
   Jesús le dijo:
   — Vete y haz tu lo mismo.