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Vamos a iniciar este domingo un tiempo nuevo: El Adviento. Se trata de un tiempo de preparación y de espera gozosa de la Navidad. Y es así como Jesús nos irá mostrando el camino para disponer nuestro corazón a Su nacimiento.
El texto del evangelio de Lucas que leeremos en la misa nos habla de una liberación que llega. Nos instruirá a través de metáforas que tendremos que ir deduciendo para no quedarnos en la superficie de las cosas. Dice el evangelista que en nosotros existe la angustia, el espanto, el miedo; sentimientos que en los antiguos eran causados por “las señales en el sol, la luna y las estrellas”. Pero nuestras angustias, inseguridades o miedos actuales, ¿cuáles son las causas que las provocan? Algunas pistas pueden ser: las crisis económicas, los conflictos sociales, el abuso de poder, los fracasos personales, la falta de unidad y de paz… Y en medio de estas situaciones es cuando Jesús nos regala un mensaje de esperanza. Él no nos evita los problemas pero nos enseña cómo afrontarlos.
Los que creemos en Jesús tenemos las mismas angustias de otros hombres y mujeres pero intentamos vivirlas con una actitud diferente: Lo propio de la esperanza que mantiene nuestra fe en Dios, es que nos hace libres y nos permite descubrir su paso en el drama de la historia. La actitud de vigilancia del Adviento significa que hemos de estar alertas para descubrir a Jesús que viene a nuestro encuentro en las situaciones que vivimos, a tener el corazón abierto, alegre y en paz. Nos llama a estar DESPIERTOS Y ORANDO para colaborar solidariamente en ese sueño común que tenemos los seres humanos: que la PAZ sea una realidad en todos los ambientes.
Vaya un simpático cuento que nos puede ayudar a salir de nuestro “pequeño mundo” y abrirnos a la gran Aldea global que es nuestro mundo necesitado de Dios:
He aquí una rana que había vivido siempre en un mísero y estrecho pozo, donde había nacido y habría de morir. Pasó cerca de allí otra rana que había vivido siempre en el mar. Tropezó y se cayó en el pozo.
- ¿De dónde vienes? –preguntó la rana del pozo.
- Del mar.
- ¿Es grande el mar?
- Extraordinariamente grande, inmenso.
La rana del pozo se quedó unos momentos muy pensativa y luego preguntó:
- ¿Es el mar tan grande como mi pozo?
- ¿Cómo puedes comparar tu pozo con el mar? Te digo que el mar es excepcionalmente grande, descomunal.
Pero la rana del pozo, fuera de sí por la ira, aseveró:
- Mentira, no puede haber nada más grande que mi pozo; ¡nada! ¡Eres una mentirosa y ahora mismo te echaré de aquí.
El tiempo de Adviento es también una invitación a ampliar horizontes, a abrir nuevas puertas, a recorrer nuevos caminos con Jesús. Seguro que saldremos de nuestros pozos estrechos y recorreremos con otros hermanos, el camino que lleva al gran mar, a la vida plena que nos ofrece Dios…
¿Te atreves a recorrerlo? |
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