| |
Estas palabras que Jesús nos ofrece mientras está en nuestro mundo, y que vienen a remarcar una vez más que no viene por cuenta propia sino con una misión encomendada por el Padre, no terminan de realizarse con su presencia humana; el Espíritu, que también enviará el Padre, actualizará en nosotros, a través del conocimiento y del recuerdo, lo que no hayamos comprendido de todo aquello que Jesús nos ha dejado dicho.
Tú y yo sabemos, desde estos versículos que hoy meditamos, que si queremos sentir el amor del Padre y sentirnos habitados por la presencia divina, Dios necesita de nuestra libertad para venir y hacer morada en nosotros. En esta libertad desde la que el discípulo acoge y acepta como propia la misión de Jesús, el amor del Padre, podemos participar no sólo de la paz que Jesús nos da sino que, además, somos capaces de vencer las dificultades con valentía y sin temor participando de la alegría del Eterno.
Como síntesis de todo el Discurso de despedida, Jesús nos da la paz no como la da el mundo. Se trata del don precioso de Dios que no es la mera tranquilidad o serenidad interior; tampoco es la seguridad material. La paz regalada por Jesús es su gracia aceptada en la fe; la bondad misericordiosa de Dios participada por el hombre. Todo aquello de lo que el hombre tiene necesidad, en su relación con los hombres y en su relación con Dios.
Jesús retorna al Padre sellando con su sangre la victoria sobre el poder del mal mostrándonos así que Él es el pastor, la puerta, el camino, la verdad y la vida. Jesús retorna al Padre ensenándonos con su entrega generosa y humilde la posibilidad que todo hombre tiene de vivir en el amor; recordándonos el origen y la meta de todo amor que se hace vida construyendo un reino, el Reino de Dios, que se fundamenta en la alegría del encuentro entre Dios y su criatura.
Descubre la posibilidad que tienes de concebir la vida desde estas claves que Jesús nos ofrece y empieza a disfrutar de ser hijo del Padre, reconciliado por el Hijo y encuentra la vida en el Espíritu.
Estas palabras de despidida de Jesús son el gran comienzo de toda vida que quiere llegar a ser plena. Por eso, acoge la invitación que Jesús te hace a vivir en el amor, a vencer las dificultades sin miedo y con valentía y, querido hermano, que el amor sea tu signo. Acoge el don de Dios y que la PAZ sea contigo. |
|