16 may 10
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Domingo de la Ascensión del Señor (Ciclo C)
Mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo)

Lucas 24, 46-53

   En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
   — «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»
   Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo).
   Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

 
   
 
   La ascensión de Cristo significa, para los cristianos, que Dios ha descendido a lo más profundo para tomar en sus brazos todos los espíritus y elevarlos consigo hasta el lugar previsto en su designio. Éste es el concepto cristiano de salvación frente a otras religiones que lo entienden como resultado del esfuerzo humano. Para ellas, la salvación consiste en conquistar el mundo de los dioses y llegar a ser uno de ellos. Las más elevadas proponen la verdad y la rectitud moral como el camino más adecuado para lograrlo. En el cristianismo, por el contrario, la salvación es un don que Dios concede a todo el que lo acepta. El camino es la fe y la confianza en él. La verdad y la rectitud moral sólo son una indicación de que se avanza por la senda verdadera.
 
     
 

   Había sido anunciado en la Escrituras que el Mesías iba a morir y resucitar y que se predicaría en su nombre la salvación y el perdón de los pecados a todos los hombres. Perdón y salvación van siempre unidos. Gracias a ello, se asientan los cimientos de la esperanza cristiana. La resurrección de Cristo significa que estamos llamados a la plenitud. Su ascensión al cielo completa la idea afirmando que esa plenitud es para siempre. Por ello, nos hace sentir una serena nostalgia de la patria definitiva y alimenta en nosotros el deseo de alcanzar la gloria de nuestro único y verdadero Señor. La seguridad de la meta hacia la que caminamos da sentido al camino que recorremos y da ánimo en la lucha sobre todo en los momentos de mayor oscuridad. Sólo quien sabe a donde va acierta en la elección del camino. Y sólo quien tiene una razón lo recorre completo.

   Lucas nos muestra que el Resucitado necesita confirmar a sus discípulos en la fe e instruirles con vistas a su futura misión para resaltar la importancia del Resucitado en el origen de la Iglesia. Nacida la Iglesia, comienza el tiempo de la misión en el que Jesús continuará presente mediante la fuerza del Espíritu, el cual reviste a los discípulos de la fuerza de lo alto. Ellos, con gran alegría, confiados en las palabras de Jesús, estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios, esperando el envío del Espíritu.

   Concluyendo nuestro Tiempo de Pascua, podría ser un buen momento para recapitular nuestra experiencia de Dios a lo largo de este curso. ¿Recuerdas el cuento La rana y el pozo?

   He aquí una rana que había vivido siempre en un mísero y estrecho pozo, donde había nacido y habría de morir. Pasó cerca de allí otra rana que había vivido siempre en el mar. Tropezó y se cayó en el pozo.

  • ¿De dónde vienes? –preguntó la rana del pozo.
  • Del mar.
  • ¿Es grande el mar?
  • Extraordinariamente grande, inmenso.

   La rana del pozo se quedó unos momentos muy pensativa y luego preguntó:

  • ¿Es el mar tan grande como mi pozo?
  • ¿Cómo puedes comparar tu pozo con el mar? Te digo que el mar es excepcionalmente grande, descomunal.

   Pero la rana del pozo, fuera de sí por la ira, aseveró:

  • Mentira, no puede haber nada más grande que mi pozo; ¡nada! ¡Eres una mentirosa y ahora mismo te echaré de aquí!

   Era una invitación, al comenzar el Adviento, a ampliar horizontes, a abrir nuevas puertas, a recorrer nuevos caminos con Jesús. La Ascensión nos invita de nuevo a seguir ampliando nuestras mirar, siempre hacia lo alto; por ello, recordar este pequeño cuento es hacernos la pregunta: ¿hemos salido de nuestros pozos estrechos y recorremos con otros hermanos, el camino que lleva al gran mar, a la vida plena que nos ofrece Dios?

   Seguro que sí. De todos modos seguimos con gran alegría bendiciendo a Dios y esperando la fuerza de su Espíritu.