| |
|
|
Mi reflexión de esta Cuaresma, mi Dios,
no quiero que sea sobre la muerte,
sino sobre la vida, la vida verdadera.
Mucha gente piensa
que la muerte es lo último,
lo peor, que no tiene sentido.
Que todo termina con ella,
que después de ella
sólo queda el olvido.
Yo creo en Ti.
Creo en tu resurrección.
Creo que tu muerte dio sentido
a todas nuestras muertes,
y que gracias a ti, al Padre y al Espíritu,
podemos renacer a la vida eterna.
Lo creo.
Y creo, porque lo experimento a diario,
que a veces es necesario morir,
para descubrir la verdadera luz.
Creo que debo morir para descubrir
cómo vivir en profundidad, con sentido.
Cada Cuaresma, mi Dios,
reviso mi vida, mis experiencias,
mis opciones.
Y cada año descubro que hay
aspectos negativos en mí que tengo que cambiar.
Tengo que hacer morir en mí:
formas de entender el mundo,
maneras egoístas de vivir,
actitudes negativas que me hacen daño
y hacen daño a los demás.
Y ya sé, lo he vivido otras veces,
que hacer morir todas esas cosas
no es tarea fácil.
Sé que en ocasiones duele,
que hace sufrir.
Sé que resulta difícil, complicado.
Pero entonces pienso
en tu muerte, física, real,
con todo el dolor, el miedo, el abandono…
y me doy cuenta de que con
tu ayuda soy capaz de renunciar a lo
que no me hace crecer.
Cuando he aceptado la muerte de
alguna actitud negativa,
siempre he experimentado la alegría
de un nuevo renacer.
He renacido al nosotros, a la dicha
de saberme amado por Ti.
He renacido para disfrutar de una
mayor madurez.
Mi Dios.
Tú das sentido a mis muertes,
porque me regalas mil vidas.
Ayúdame a entenderlo siempre así.
Ayúdame a luchar por crecer
y convertir mi corazón viejo
en un nuevo corazón lleno de esperanza,
de proyectos, de entrega,
de amor y de tu misma Vida.
Amén. |