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Ven, Espíritu de Dios,
a este mundo nuestro que
parece que se ha vuelto loco.
Nos enfadamos, hacemos daño,
nos tratamos como si fuéramos
enemigos declarados.
Y Tú nos recuerdas que somos hermanos.
Que en este mundo hay lugar para todos,
que la vida crece si la vivimos juntos.
Ven, Espíritu de Dios,
y danos fuerza para gritar «no»
a toda agresión, a toda guerra,
a toda injusticia y a todas las miserias.
Transforma el corazón de las personas
para que sepamos ir por la vida
tendiendo puentes, alargando las manos,
para ofrecerla a los demás,
como amigos, como hermanos.
Ven, Espíritu de Dios,
a nuestros corazones, a veces cargados
de rencores, de odios y de soledad.
Sana nuestros sentimientos heridos
y nuestra fe tan débil.
Pon luz en nuestras oscuridades
y ayúdanos a descubrir en el Evangelio
el camino para vivir a tu estilo,
para hacer de este mundo
el hogar que has soñado para todas
las personas desde la creación. Amén.
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