La muerte no ha podido con el Amor.
La palabra final se pronuncia con el corazón.
Es la razón de nuestra Esperanza.
Cristo Resucita y con Él,
la Vida recobra su sentido.
Vence también en nosotros, Señor,
para que con tu fuerza resucitadora
seamos capaces de poner freno a tanto
signo de muerte como atenaza nuestro mundo.
Que todo ser humano, que
experimenta en su vida
el dolor de la muerte,
pueda gritar contigo: ¡Aleluya!
¡Resurrección!
Que las sociedades, las naciones,
que agonizan por la insolidaridad
de otros pueblos, puedan exclamar
con gozo: ¡Aleluya! ¡Resurrección!
Que cada corazón se convierta
en germen de vida para todos
los que pasan a su lado.
Que no pongamos barreras
a la vida que surge de Ti
y que nos lanza a ser portadores
de esperanza para los demás.
Que el grito apagado de las personas
que se ven apartadas, en soledad,
resuene con fuerza en todas las calles,
y se convierta en compañía, amistad.
¡Aleluya, en cada esquina!
¡Resurrección, en cada hogar!
¡Cristo ha resucitado!
¡Con Él, podemos transformar
todo signo de muerte!
¡Podemos!
El Amor puede más. Amén.
|