Jun 07
 
 
¿A quién admiras tú?
Las limitaciones físicas, no son impedimentos
para que vuele tu alma
   Tengo mucho cansancio físico, mi mente ya casi esta a punto de cerrar el circuito pero sabes, no quise abandonarme en la seducción de mi cama sin antes compartir con cada uno de vosotros lo que acabo de presenciar. Solo que, antes de iniciar mi relato, quiero hacertede una forma muy individual y personal la siguiente pregunta, Tú ¿a quién admiras?

   Bien, seguramente las respuestas varían y eso está perfecto. Cada uno de nosotros tenemos ídolos, y al decir ídolos no me refiero exclusivamente a esos que se paran en un escenario y nos entretienen al compás de su danza y canto de su voz. Me refiero a esas personas que en realidad admiramos por su perseverancia, sus valores hacia el prójimo, hacia la vida.

   Bien, esta mañana regresaba a mi casa después de haber culminado mi guardia de la noche anterior, fue una noche muy productiva pero también agotadora, ya lo que quería, era cama, justo al estar preparándome para abandonarme en los brazos de Morfeo, recibí una llamada del 45 (hospital) donde me avisaban que el Sr. Rdgz Nieto (mi paciente) había sufrido un derrame cerebral y me tuve que ir nuevamente al 45…

 
   
 

   Cuando venia de regreso a mi casa, manejando al compás del tráfico me percaté que en la acera, al lado derecho iba una persona, su paso era lento, mostraba una cojera obvia, y se veía que era prácticamente imposible para ella lograr un paso, iba sostenida por un bastón… De pronto, al empezar a curzar el bastón no fue suficiente para aguantar su paso causando que esta persona se desvaneciera y cayera al suelo. Los coches que venían al lado contrario de la calle, se detuvieron, pero qué crees, ninguno se bajo, que triste, ¿verdad? Son estas cosas las que te hacen reflexionar y meditar en si realmente tenemos caridad humana hacia nuestro prójimo.

   Esperando a que el semáforo se pusiera verde, apagué mi coche y justo cuando estaba a punto de salirme a socorrerla algo me detuvo, esta persona mostraba signos de poco a poco ir levantándose… Con mucho esfuerzo, logro ponerse de pie. Cuando yo llegue hasta ella, le pregunte si estaba bien —creyendo que estaría afligida y en dolor—. Ella me recibió con una gran sonrisa y me dijo: «cada día es un poco más difícil», y me guiñó un ojo, su boca emanaba una dulzura y paz increíble cuando sonreía.

   Cuando la ayudé a cruzar la calle, o más bien, cuando la acompañé —porque no me permitió tomarle su hombro—, me dijo: «gracias muchacho, aquí me pongo a esperar el camión que pasa por mi colonia». Le pregunté donde vivía y me contestó que en las huertas. Le ofrecí llevarla. Al principio no quería aceptar, pero le mostré mi cédula y le dije que era médico y que podía confiar en mí. Ella finalmente aceptó.

   Rumbo a su casa íbamos charlando. Me habló que desde niña padece de ataques epilépticos, entre otras cosas, que le han impedido desarrollar una vida normal.

   Que día a día es mucho más difícil para esta persona levantarse pero lo hace porque sabe que a pesar de las adversidades que la enfrentarán en la calle, también se enfrentará con el éxito y la satisfacción de haber recorrido por lo menos un kilómetro, porque este significa “un kilómetro más de vida a su vida”.

   Al despedirme de ella, me dijo lo usual: «que dios te bendiga». Y si les confieso algo, nosotros como médicos estamos acostumbrados a esa frase, día y noche nos la repiten. Pero sabes algo, esta frase este día me llenó; me llenó en todos los aspectos, te voy a decir el motivo…

   Cuántos de nosotros muchas veces nos levantamos sólo porque tenemos que enfrentar retos en nuestros trabajos, porque tenemos que hacerlo, porque tenemos que cumplir con las “responsabilidades” que implica nuestra vida cotidiana. Lo hacemos incluso en ocasiones renegando y diciendo: «vaya m., ya nuevamente lunes, que fastidio». O incluso nos enojamos por que en ocasiones no podemos hacer esto o lo otro por falta de tiempo o quizá porque esto, porque lo otro, etc.

   Amigos, hay millones de seres, de personas dignas de admiración, porque a diario luchan con sus propios cuerpos, que lejos de ser una ayuda son —y perdón por la expresión— una carga para ellos, pero un aliciente para su alma.

   Millones de personas que aun sin poder prácticamente bajar un pie de la cama para vestirse, para caminar a sus lugares de trabajo, son personas que tienen una fuerza interior increíble, que sacan a diario la garra, la fuerza y el potencial para luchar con la misma vida. Personas para las cuales el simple hecho de ponerse un calcetín o subirse el pantalón les causa un gran dolor a su cuerpo pero que al lograrlo sonríen aun a pesar del dolor porque se dan cuenta de el dulce sabor que te deja el haber logrado algo que prácticamente creías imposible.

   Algunos ni siquiera pueden porque no tienen movimiento alguno en su cuerpo. Estas personas las cuales llamamos cuadripléjicos deberíamos llamarlas poderplégicos.

   Es curioso, ¿no?; como son precisamente esas personas que tienen el derecho a renegar las que más felices viven, las que más sonrisas muestran; y tú, yo, y el que me sigue, que estamos físicamente aptos para desempeñar cualquier actividad y enfrentar cualquier reto, muchas veces nos escondemos tras el temor, la amargura o la apatía, eso solo por nombrar algunas cosas que nos impiden ver la vida con optimismo y levantarnos diariamente desde abajo si es necesario para darle la frente en alto a la vida y luchar para que esta nos haga pedazos.

   La próxima vez que veas a una personas con discapacidades físicas, o mentales, lejos de sentirles lástima, tenles respeto y admiración, porque son estas personas las que verdaderamente luchan a capa y espada diariamente con la vida, muchas veces solo para lograr algo tan sencillo como levantarse de su cama y dar unos pasos de vida a su vida…

   Son éstas precisamente las que verdaderamente entienden que “las limitaciones físicas, no son impedimentos para que vuele tu alma”.

   Y tú ahora, ¿a quién admiras verdaderamente?