El Viernes Santo, vimos como Jesús moría en la cruz y nos recordaba la cantidad de cruces que hay en nuestro camino, en nuestra vida. En el mundo hay grandes cruces: odio, guerras, conflictos…, pero también en nuestra vida hay cruces: la soledad, la enfermedad, la muerte… Jesucristo al coger su cruz nos invita una vez más a que cojamos nuestras pequeñas cruces y lo sigamos, que aceptemos el sufrimiento y que vivamos desde Él y con Él… Él nos empuja a agarrar nuestras cruces con valentía, asumiendo y aceptando el día a día de nuestra vida.
En el Sábado Santo vimos la soledad de María, el abandono, todo estaba muerto con Jesús. Lo enterraron, y tras el sepulcro no quedaba nada. ¿Qué sentiría María ante tanta soledad?, ¿cómo acompañar a María en esa soledad? ¿Cuáles son nuestras soledades?...
Y por fin, la Vigilia Pascual, el paso de la muerte a la vida, el paso de Jesús Resucitado en nuestras vidas. El Evangelio nos recordó: «¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?». Sí, Jesús de Nazaret el que murió en la cruz ha resucitado y nos trae una fuerza nueva, una esperanza, una creencia: Él estará con nosotros hasta el final de nuestras vidas.
Y con esta explosión de gozo empezamos el tiempo de Pascua, que no es más que un tiempo para descubrir a Jesús vivo en nuestras vidas y así poder trasmitirlo a los demás, desde la entrega, el entusiasmo, la ilusión… Ser discípulos de Jesús sin miedo, llevar su vida a todos aquellos que nos rodean, convertir la tristeza en alegría… Ser hombres nuevos renacidos por la Resurrección del Señor. Alegrémonos porque el SEÑOR ESTÁ VIVO.
Jesús ha resucitado. Párate a pensar, ¿lo sientes vivo en tu vida?, ¿vives este tiempo de Pascua como un tiempo de gracia, de alegría y de encuentro con Jesús?
Te invitamos a que cojas el evangelio de cada día y lo reflexiones, en todos ellos se nos va a recordar que Jesús está entre nosotros, nos trae su paz y por eso se nos inunda nuestro ser de alegría.
Disfruta de la vida y trasmite esa vida.
No olvides que Jesús ha resucitado.