Abril, mes de Pascua y Resurrección
Cuando la muerte se vuelve Vida

   Empezamos un nuevo mes entrando de lleno en la Pasión del Señor, recordando cuales son las cruces del mundo y cuales son nuestras propias cruces, aquellas que nos marcan, que nos hacen daño, que nos alejan de Dios. Después de la Pasión vino la muerte y tras ella la Resurrección. Pero hagamos un recorrido más pausado por cada una de estos momentos.

   Comenzaremos el repaso de esta Gran Semana por el Jueves Santo. En él Jesús nos mostró que quiso quedarse y hacerse presente en el Pan y el Vino; nos recordó que lo único que importa en la vida es servir a los demás, amar hasta el extremo, como Él hace… Se hizo pan para nosotros, algo delicado, algo sencillo.

   El Viernes Santo, vimos como Jesús moría en la cruz y nos recordaba la cantidad de cruces que hay en nuestro camino, en nuestra vida. En el mundo hay grandes cruces: odio, guerras, conflictos…, pero también en nuestra vida hay cruces: la soledad, la enfermedad, la muerte… Jesucristo al coger su cruz nos invita una vez más a que cojamos nuestras pequeñas cruces y lo sigamos, que aceptemos el sufrimiento y que vivamos desde Él y con Él… Él nos empuja a agarrar nuestras cruces con valentía, asumiendo y aceptando el día a día de nuestra vida.

   En el Sábado Santo vimos la soledad de María, el abandono, todo estaba muerto con Jesús. Lo enterraron, y tras el sepulcro no quedaba nada. ¿Qué sentiría María ante tanta soledad?, ¿cómo acompañar a María en esa soledad? ¿Cuáles son nuestras soledades?...

   Y por fin, la Vigilia Pascual, el paso de la muerte a la vida, el paso de Jesús Resucitado en nuestras vidas. El Evangelio nos recordó: «¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?». Sí, Jesús de Nazaret el que murió en la cruz ha resucitado y nos trae una fuerza nueva, una esperanza, una creencia: Él estará con nosotros hasta el final de nuestras vidas.

   Y con esta explosión de gozo empezamos el tiempo de Pascua, que no es más que un tiempo para descubrir a Jesús vivo en nuestras vidas y así poder trasmitirlo a los demás, desde la entrega, el entusiasmo, la ilusión… Ser discípulos de Jesús sin miedo, llevar su vida a todos aquellos que nos rodean, convertir la tristeza en alegría… Ser hombres nuevos renacidos por la Resurrección del Señor. Alegrémonos porque el SEÑOR ESTÁ VIVO.

   Jesús ha resucitado. Párate a pensar, ¿lo sientes vivo en tu vida?, ¿vives este tiempo de Pascua como un tiempo de gracia, de alegría y de encuentro con Jesús?

   Te invitamos a que cojas el evangelio de cada día y lo reflexiones, en todos ellos se nos va a recordar que Jesús está entre nosotros, nos trae su paz y por eso se nos inunda nuestro ser de alegría.

Disfruta de la vida y trasmite esa vida.
No olvides que Jesús ha resucitado.

© Secretariado de Pastoral Juvenil-Vocacional de Huelva
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