En este mes de Noviembre tenemos una fecha importante para nosotros los cristianos, celebramos, entre otras cosas, el día de la Iglesia diocesana. Celebramos el día en el que más que nunca nos tenemos que sentir Iglesia de Huelva, nos tenemos que sentir como una gran familia donde todos formamos parte de esta Iglesia.
Andamos en unos tiempos muy difíciles, donde el ser cristiano no se estila, no está de moda, una época en la que los ataques a la Iglesia Católica se presentan como un signo de modernidad y de progreso, sin embargo, a pesar de la dificultad, los católicos intentamos dar testimonio allá donde estemos, apoyando nuestra Iglesia y nuestra diócesis. Muchos de nosotros no nos dejamos intoxicar por los medios de comunicación que son hostiles al Evangelio y, con nuestra actitud generosa, realizamos pequeñas labores que van a favor de la justicia y el bien común, por eso es importante que en este día valoremos nuestro amor a la Iglesia y al mismo tiempo es una llamada de ánimo para no perder la esperanza en un mundo descristianizado, por eso os animamos a seguir siendo libres. Verdaderamente formamos “una gran familia”, como dice el lema elegido para esta ocasión: “Tu familia, una pequeña Iglesia”, “Tu Iglesia, una gran familia”.
Ciertamente tenemos que estar orgullosos de pertenecer a la Iglesia, porque es ésta la que nos dice que todos somos hijos de Dios y tenemos unos derechos que nadie ni nada nos puede quitar, derechos que a veces no son bien repartidos y que a veces se nos olvida hasta a nosotros mismos. Se nos olvida que el inmigrante que tenemos al lado, el pobre que pide en la puerta de la Iglesia, la anciana que pasea sus años cansinamente, los niños que juegan en la plaza…son hijos de Dios, hermanos nuestros, y que nuestra misión es estar con ellos y apoyarlos… Ser una verdadera familia donde todos nos preocupemos por todos, una familia donde tienen preferencia mis hermanos más pequeños, los más pobres, por eso en este día no nos podemos olvidar de todos aquellos que lo pasan mal y que también forman parte de esta gran familia que es Nuestra Iglesia.
Realmente todo esto es como un gran sueño: “que todos los hombres lleguemos a ser hermanos, que todos tengan alimentos…”, pero si no tenemos ideales o si no miramos hacia esa utopía del Reino de Dios, ¿qué sería de nosotros como cristianos? No olvidemos que el mismo Jesús de Nazaret vivió con los suyos y se cuestionó todo esto, pero en su vida supo siempre que lo único que tenía que hacer era amar a Dios y a los hermanos… ¿nos atrevemos a imitarlo? Amar a Dios y a los hermanos… como una gran familia… y quizás esa utopía poco a poco desaparezca, es cuestión de poner de nuestra parte, granito a granito podemos formar una montaña…
Porque no olvidemos que la tarea humanizadora y solidaria de la Iglesia brota de su identidad más honda: la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, que se ha hecho hombre con nosotros para hacernos hermanos de los demás y amantes del mundo y de la vida. A medida que crecemos en esta fe, el amor y la esperanza nos impulsan a comprometernos con nuestra historia, la de nuestro pueblo y a crear así un futuro más humano.
En el día de la Iglesia diocesana, os animamos a que nos sigamos implicando en nuestras parroquias, para conocer mejor a la Iglesia y vivir más a fondo el Evangelio. Desde esta fe podremos descubrir la importancia de participar de forma activa en esta gran familia que, por amor a Dios, nos lleva a trasmitir el gran amor de Jesucristo a todos los hombres y a un compromiso más fuerte con los más pobres de nuestro mundo. |