Feliz 2008: Que el Señor te dé su Paz
La persona humana, corazón de la paz

   Empieza un nuevo año lleno de ilusiones, esperanzas y alegrías; un año que está por estrenar. Doce meses para tener doce pensamientos solidarios; doce causas que nos ayuden a ser más personas, a vivir más en “cristiano”; doce posibilidades de comprometernos con los de nuestro alrededor, con nuestra ciudad, con nuestro mundo.

   Y comenzamos el año celebrando la Jornada Mundial de la Paz. La paz, ese gran don que tanto deseamos y anhelamos, pero que en muchos momentos está lejos de nosotros. En un mundo lleno de guerras, de odios de peleas entre hermanos, de discriminación, pedimos una vez más en el año que entra la paz. La paz en nuestras familias, la paz en nuestro entorno, en nuestra ciudad, en nuestro país, la paz en el mundo…

   Para ello, antes que nada, habría que plantearse si realmente nosotros vivimos en paz, si nosotros como cristianos somos capaces de vivir sin peleas, sin malas caras, sin… Decía Jesucristo: “Dichosos los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9) Esto es precisamente lo que debería distinguirnos como cristianos, como personas comprometidas en medio de nuestro mundo. Ese ser pacífico conlleva un vivir desde dentro, desde el encuentro profundo con Jesucristo, ya que es justamente el trato con Él lo que nos hace tratar y ver al hermano con los ojos de Dios, lo que nos puede llevar a ser personas transmisoras de paz en medio de nuestro entorno, siendo capaces de pedir en todo momento la paz para un mundo como el nuestro que a veces parece estar tremendamente desorientado.

   El Papa Benedicto XVI nos ha pedido que en este día, que en este mes, nuestra atención se centre en La persona humana, corazón de la paz. Está convencido de que respetando a la persona se promueve la paz y que construyendo la paz se ponen las bases para un auténtico humanismo cuya consecuencia es preparar un futuro sereno para los jóvenes y las nuevas generaciones que nos llegan.

   Sigue diciendo en su mensaje que la paz es al mismo tiempo un don y una tarea. La paz es don de Dios, es un regalo que nos capacita para vivir con los demás estableciendo relaciones de justicia y solidaridad, es un don que nos compromete con el hermano. Y es tarea porque todos estamos llamados a construirla, porque como cristianos hemos que tener claro que si se nos ha hecho este regalo tenemos que compartirlo con los demás, desde lo que somos, desde nuestro ser.

   La paz es necesaria en nuestro mundo, construyámosla y trabajemos para conseguirla. Y si en nuestro entorno ya hay ambiente de paz, pidámosle a Dios de corazón que se la conceda a todo nuestro mundo, que seamos capaces de vivir en nuestra aldea global en paz todos como hermanos.

   Concluyamos este pequeño comentario con una pequeña bendición: “Que el Señor te bendiga y te guarde. Que el Señor te muestre apacible su rostro y haga misericordia de ti. Vuelva el Señor su rostro hacia ti y te conceda la paz” (Num 6, 24-26).

© Secretariado de Pastoral Juvenil-Vocacional de Huelva
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